Es muy común oír a la gente decir que está intentando “encontrarse a sí misma”, descubrir su identidad. Al intentar comprender exactamente qué significa esto, parece ser el resultado del egocentrismo, característico de la sociedad humanista y posmoderna actual.

También parece ser una forma de expresar nuestra necesidad más profunda de saber que nuestras vidas individuales tienen algún sentido. Que tenemos un propósito en la vida, que no somos una gigantesca coincidencia de la naturaleza. Que la alegría, el dolor, la felicidad, el sufrimiento, la paz y la agitación que experimentamos forman parte de un plan comprensible.

El apóstol Pablo nos dice en Romanos 1 que toda persona nace con conciencia de Dios:

Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. (Romanos 1:20).

Todos sabemos instintivamente que debe haber un Planificador Supremo, y que nuestra existencia tiene que tener un significado más profundo que una mera coincidencia. Sin embargo, hasta que no conozcamos a Dios a través de Jesucristo, ese plan maestro seguirá siendo un misterio. ¿Qué más le queda a quien no conoce a Cristo sino intentar por todos los medios descubrir quién es, por qué existe y cuál es el sentido de su existencia?

La gran noticia del Evangelio de Jesucristo es que todos pertenecemos a allí. Ningún seguidor de Cristo necesita andar buscando su identidad. La Palabra de Dios nos da respuestas claras. Una vez que has nacido de nuevo, sabes que eres hijo de Dios, creado por Él en un proceso ordenado y planificado. Él te conoce y se preocupa por ti individualmente; eres importante para Él; por lo tanto, tu vida tiene sentido.

Al salir cada día al mundo, ten presente que quienes te rodean intentan descubrir quiénes son porque no conocen a Jesús. Prepárate para compartir con ellos esta gran y gloriosa verdad: que nuestras vidas tienen sentido cuando estamos correctamente relacionados con Dios a través de Jesús.