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Presented by Lauren Stibgen
¿Por qué hablamos una y otra vez sobre el equilibrio entre el trabajo y la vida personal? Parece un problema que no podemos resolver en nuestra sociedad actual, tan conectada. Es decir, siempre estamos «conectados». Pero, ¿por qué? ¿Qué está creando esta urgencia?
La sola expresión sugiere la tensión que las personas sienten entre el trabajo y la vida, pero ¿por qué hemos separado estas dos palabras? La palabra «vida» ha adquirido una definición que nunca se pretendió. Esto es lo que quiero decir:
Según el diccionario, la palabra vida tiene casi 20 usos diferentes, pero todos abarcan el estado del ser. Por ejemplo, cuando se habla de la biografía de alguien, decimos que trata sobre la «vida» de esa persona. Una biografía trata sobre alguien de manera personal y profesional, sobre su familia, sus logros, sus pasatiempos, y todo lo demás. ¡Fragmentar la vida laboral, la vida personal, la vida familiar y la vida social sin duda crea tensión!
Así que no puedes tener un «equilibrio entre trabajo y vida», ¡pero sí puedes tener una vida equilibrada! El libro de Eclesiastés me ha hecho reflexionar sobre una vida equilibrada. ¿Por qué sentimos esta tensión? ¿Y qué tiene que ver el trabajo con ella?
«Es una penosa tarea que Dios ha dado a los hijos del hombre, para que se ocupen en ella» (Eclesiastés 1:13).
Este versículo por sí solo sugiere la tensión inherente que sentimos como seres humanos respecto a la tarea con la que estamos ocupados. Y a veces esa tarea es el trabajo, y otras veces no lo es. Por ejemplo, puede que ames tu trabajo y pases un tiempo maravilloso cada día con tus colegas, pero luego regreses a casa a cuidar de alguien, lo cual es muy estresante.
Verás, el «trabajo» se define como el esfuerzo físico o mental dirigido a producir o lograr algo. ¡Y Dios nos creó para trabajar! Comenzamos a sentir la verdadera tensión de este trabajo cuando nuestras motivaciones subyacentes no son las que Dios quisiera para nosotros.
Realmente creo que sintonizarnos más con la perspectiva de Dios sobre nuestro trabajo puede ayudarnos a aliviar parte de la tensión que sentimos en la vida. Tener esta perspectiva puede llevarnos a un mejor equilibrio general en la vida.
Después de todo: «¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?» (Eclesiastés 1:3).
