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Presented by Lauren Stibgen
Si siempre quieres más, nunca disfrutarás de lo que tienes. ¿Alguna vez has pensado en eso? ¿Está tu afán por tener más causando un desequilibrio en tu vida? ¿Qué te deja siempre queriendo más?
«He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo» (Eclesiastés 4:4).
Si la envidia te está impulsando a trabajar más para ganar más y tener más, necesitas hacer una pausa y reflexionar. ¿Qué disfrute tendrás de algo si la razón por la que trabajas para conseguirlo nace de la envidia? De hecho, una vez que logres esa «cosa», puede que obtengas algo incluso peor que la envidia: el orgullo.
« El orgullo va delante de la destrucción, y la arrogancia antes de la caída» (Proverbios 16:18, NTV).
Lograr algo que te haga sentir orgullo conduce a una satisfacción pasajera. Eclesiastés además nos advierte que: «Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es vanidad!» (Eclesiastés 5:10). Ganar un buen ingreso y tratar de superarte no está mal en sí mismo, pero si tu esfuerzo es por las razones equivocadas, simplemente nunca estarás satisfecho.
Tal vez estás trabajando más horas para ahorrar para algo que necesitas. O quizás estás buscando un ascenso que venga con un aumento de sueldo. ¿De dónde viene este deseo? Si proviene de un lugar genuino, en el que no te estás comparando ni persiguiendo constantemente más, esto no es necesariamente malo. El problema surge cuando siempre necesitas más y más. O cuando te esfuerzas por mantenerte al nivel de los demás.
Dios valora el trabajo arduo cuando este obra para su reino. Piensa en la mujer de Proverbios 31. Ella compra y vende, y se levanta cuando aún es de noche. Provee alimento para su hogar y para sus criadas. Su lámpara no se apaga de noche, pero ella tiende la mano al pobre y al necesitado. El trabajo arduo para acumular más para ti mismo nunca te llenará, pero el trabajo arduo que se hace para la gloria del Reino siempre se sentirá bien. Estamos llamados a ver al necesitado y a amar.
Piensa en para qué estás trabajando hoy. ¿Te estás esforzando porque estás codiciando? ¡Ora hoy! «Señor, cambia mi corazón. Ayúdame a ver en qué áreas me esfuerzo por cosas materiales que nunca me llenarán. Ayúdame a ver cómo puedo usar mi tiempo, mi tesoro y mi talento para dar a aquellos que más te importan».
