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Presentado por Jenn Miller
El concepto de lograr el equilibrio entre el trabajo y la vida personal ha cautivado nuestra cultura, porque pareciera que todos luchan por alcanzarlo. ¿Te encuentras luchando por equilibrar todo lo que la vida implica? Creo que es justo decir que la mayoría de las mujeres del mundo occidental sienten que no hay suficientes horas en el día. ¿Por qué? Parte del problema es que se han colado creencias falsas que han añadido cargas injustas. Consideremos las mentalidades que pueden atraparnos como mujeres, haciéndonos sentir que no podemos manejar la vida para la cual Dios nos ha llamado.
La trampa más común en la que creo que caen las mujeres es la creencia de que se puede tener todo. Ya conoces la mentira: esperar que, como mujer, puedas tener una carrera exitosa de tiempo completo, ser una esposa y madre dedicada, mantener un hogar impecable, cocinar solo las comidas familiares más saludables, servir con regularidad en la iglesia, mantener rutinas de ejercicio, siempre lucir frescas y arregladas, y tener ese temperamento calmado y dulce como si nada de esto fuera gran cosa. Yo ya me canso solo de pensar en esa lista, pero muchas de nosotras sentimos el peso de estas expectativas, y estoy aquí para decirles la verdad.
Aquí está: ¡No puedes tenerlo todo, hermana! Nunca fue esa la intención. Dios te creó a ti y a mí como seres humanos finitos, con un tiempo limitado cada día, con necesidades físicas de descanso, sueño y alimento, y con una capacidad emocional, mental y relacional limitada. ¿Y sabes qué? ¡Esas limitaciones no son malas! Son ordenadas por Dios.
Escucha esta verdad y que sea un bálsamo para tu corazón: ¡Dios no te llama ni espera que lo hagas todo! ¿No es esa una buena noticia? Más bien, la Escritura nos aconseja a ti y a mí a ser continuamente discernientes, a acercarnos continuamente al Señor buscando su plan y sus prioridades.
¿Dónde te está llamando Dios a invertir tu tiempo y energía? Mientras luchas con esta pregunta, el Salmo 25 ofrece una postura maravillosa para acudir en oración. El versículo 1 dice: A ti, Señor, elevo mi alma. Al Señor es a quien finalmente rendimos cuentas. ¿Elevarías tu alma al Señor para discernir dónde te está llamando a usar tu tiempo y energía y dónde no? Los versículos 4-5 ofrecen una oración maravillosa como guía. Dicen: Muéstrame la senda correcta, oh Señor; señálame el camino que debo seguir. Guíame con tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios que me salva. Todo el día pongo en ti mi esperanza. (Salmo 25:4-5). En medio de días agitados y horarios frenéticos, que tú y yo centremos nuestros corazones en Dios nuestro Salvador, busquemos su plan y pongamos nuestra esperanza solo en Él.
