Presentado por Julie Busteed

He estado reflexionando sobre algunos de los dichos de Jesús —sus proverbios— y he notado la frecuencia con la que vuelven a la postura del corazón. En el Sermón del Monte, Jesús dice: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). Esto plantea una pregunta importante: ¿qué significa tener un corazón puro?

A menudo asumimos que un corazón puro significa hacer todo bien, aparentar ser pulido y ordenado. Pero esa clase de pureza se basa en nuestro propio esfuerzo, y no funciona. No dura. No es sostenible. Las Escrituras nos dicen la verdad sobre nuestra condición:

Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y sin remedio. ¿Quién lo conocerá? (Jeremías 17:9).

¿Alguna vez te has sorprendido con tu propia reacción —algo que dijiste, pensaste o sentiste— y te preguntaste de dónde vino eso? No era como querías responder, pero era real. El corazón humano es complejo, engañoso y difícil de comprender. Pero cuando nuestros corazones se vuelven hacia la pureza, esta postura le da espacio al Espíritu Santo para obrar en nosotros y a través de nosotros.

¿Qué diferencia hace un corazón puro en el trabajo? Se manifiesta en alegría genuina cuando un compañero recibe un ascenso o un elogio. Se manifiesta en ayudar a los demás incluso cuando no mejora tu posición. Significa negarse a chismear, optar por la autenticidad y vivir con integridad cuando nadie nos ve.

Un corazón recto comienza con la humildad. Las Escrituras a menudo hablan de un corazón quebrantado o aplastado como una imagen de humildad. Este tipo de quebrantamiento es esencial, porque un corazón duro o de piedra no se someterá a la voluntad de Dios. Oramos con el salmista: «Crea en mí, oh Dios, un corazón puro» (Salmo 51:10).

Jesús promete que los de limpio corazón verán a Dios. Y cuando invitamos a Cristo a morar en nuestros corazones, todo cambia. Por eso la oración de Pablo por los efesios es tan poderosa:

Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu. Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes… para comprender cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. Es mi deseo que experimenten el amor de Cristo, aun cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios. (Efesios 3:16-19).

Oh, que tú y yo conozcamos este amor —un amor que sobrepasa todo lo demás— y seamos llenos de él. Sigue adelante. No te desanimes. La obra que Dios está haciendo en el corazón a menudo es lenta e invisible, pero nunca se desperdicia.