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Esta semana he estado hablando sobre las promesas de Dios y su fidelidad para cumplirlas. Una promesa es tan buena como quien la promete, ¿verdad? Hemos tenido demasiados ejemplos de políticos que prometen tanto y cumplen tan poco, que ahora, en general, simplemente desconfiamos de ellos. El Centro de investigación Pew informa que solo el 20% de los estadounidenses afirman poder confiar en que el gobierno hará lo correcto.
Puede ser cierto que, debido a que te has sentido profundamente decepcionado con las promesas de otros, te resulta difícil confiar en Dios. Solo quiero animarte hoy: no importa cuánto te hayan decepcionado o defraudado otros, puedes confiar en Dios, porque él es digno de confianza.
Por la bondad del SEÑOR es que no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. (Lamentaciones 3:22-23).
Para siempre, oh SEÑOR, permanece tu palabra en los cielos. Por generación y generación es tu fidelidad (Salmo 119:89-90).
Dios es fiel y, por lo tanto, su Palabra eterna es fiel.
Aprendemos a confiar en Dios al conocer su carácter. Y lo conocemos a través de su Palabra y de nuestra propia historia de su fidelidad. ¿Has olvidado la fidelidad de Dios en el pasado? A veces, cuando te encuentras en medio de una situación difícil, simplemente olvidas cómo Dios te ayudó en el pasado; cómo se ha mostrado fiel. Te animo a que ahora mismo recites en voz alta la fidelidad de Dios en el pasado. Al recordar su fidelidad pasada, aprenderás a confiar en su fidelidad futura.
Aquí tienes una última promesa para este año nuevo, de nuestro Dios fiel. Es una promesa para ti durante todo el año, de Isaías 41:10:
Así que no temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; Yo te sostendré con la diestra de mi justicia (Isaías 41:10).
