Este es el programa número 10,092 de la edición diaria de La Mujer Cristiana Trabajadora. Esto significa que durante más de 2000 semanas he estado transmitiendo la buena noticia de que la Palabra de Dios es relevante para nuestras vidas. Durante más de 41 años, Dios ha sostenido este ministerio para que podamos animarte a poner en práctica la Palabra de Dios en tu vida; a vivir tu fe en el trabajo y en todo lo demás.

Y lo hemos logrado todas estas semanas, meses y años porque Dios ha cumplido la promesa que me hizo. Cuando se me presentó la oportunidad de expandir nuestro ministerio desde una estación en Chicago, supe que esto era más grande que yo y necesitaba la seguridad de que Dios me ayudaría. Le pedí a Dios que me diera una promesa de su Palabra a la que pudiera aferrarme, que me asegurara su guía.

Mi lectura de ese día me llevó al capítulo 50 de Isaías, y de ese capítulo, Dios me dio dos versículos que se han convertido en mis versículos de referencia para asegurarme de la promesa de Dios. Aquí está esa promesa:

Mi Señor y Dios me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado.… Por cuanto el Señor y Dios me ayuda, no seré humillado. Por eso endurecí mi rostro como el pedernal y sé que no seré avergonzado. (Isaías 50:4-7).

Incontables veces le he dicho al Señor: «Dios, prometiste que no seré avergonzada; ni me avergonzaré, y reclamo tu provisión y tu promesa hoy mismo».

Otra promesa de Josué 23:14 nos asegura que ni una sola palabra de todas las buenas cosas que el Señor tu Dios prometió para ti ha fallado. Todas se han cumplido; ninguna de ellas ha fallado. Puedo testificar que las promesas de Dios son confiables.

¿Necesitas una promesa hoy? ¿Algo que te ayude a afrontar tu futuro con esperanza y paz? Hay una en la Biblia perfecta para ti. Tómate un tiempo para sentarte con tu Biblia, orar por guía y pedirle a Dios su promesa para ti. ¡Ahí está, te lo prometo!