Presentado por Julie Busteed

En una sociedad con tanta discordia, discusión y división, la unidad es algo poco común. Como seguidores de Cristo, ¿por qué necesitamos la unidad? Jesús nos da esta razón:

»No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí. (Juan 17:20-23).

Estar unidos en Cristo y con el cuerpo de Cristo es un poderoso testimonio del amor de Dios para el mundo. Como cristianos, nuestra unidad en Cristo y con otros cristianos es esencial.

Pero estar unidos no significa que todos seamos iguales. Fuimos creados de manera única con diferentes dones y talentos. ¡Y aun así, unidos!

Me encanta este dicho: En lo esencial, unidad. En lo no esencial, libertad. En todo, caridad.

Los cristianos necesitamos estar de acuerdo en las creencias fundamentales —cosas que importan— que son esenciales. En la iglesia, a menudo recitamos o leemos el Credo de los Apóstoles, que establece algunas creencias fundamentales de fe: Dios es el creador, Jesús es su único hijo, concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María, fue crucificado, muerto y sepultado, y al tercer día resucitó y está sentado a la diestra de Dios, y vendrá a juzgar al mundo. Estoy resumiendo, pero ya entienden la idea.

Para los cristianos, estas son creencias innegociables. No tienen nada que ver con la música de adoración, ni con cómo debe ser el servicio, ni con cómo debemos vestir para ir a la iglesia ni con ninguna de esas otras cosas. Algunas de esas cosas son importantes, pero son más bien preferencias, por lo que hay libertad en lo “no esencial”. Podemos preferir cierto estilo de adoración y encontrar otros inquietantes, pero mientras compartamos esas creencias fundamentales, hay libertad para adorar.

Y sobre todo, ¡hay caridad! Tú y yo necesitamos dar cabida a las preferencias de los demás. No tiene que ser exactamente a mi manera. Dios nos creó de manera única y, como resultado, hay maneras únicas de adorarlo y servirle.