Podcast (podcast-spanish): Play in new window | Download (Duration: 3:09 — 7.2MB)
¿Alguna vez le has pedido a Dios que te dé una visión de lo que él quiere que hagas? Vivir sin la visión de Dios para tu vida es perderte la vida abundante que Jesús vino a darte. Es vivir en la mediocridad. Es conformarte con mucho menos de lo que Dios quiere para ti.
Efesios 2:10 dice que somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Dios tiene una visión para cada uno de nosotros, los que nacimos de lo alto y formamos parte de su familia. Él ha preparado esta visión para nosotros: estas buenas obras que quiere que hagamos.
Esta es una de las razones más comunes por las que no buscamos la visión de Dios para nuestras vidas: No estamos dispuestos a correr riesgos.
Ron Hutchcraft cuenta la historia de cuando lo invitaron a ir de excursión con unos amigos para ver una cascada impresionante. Mientras subían la montaña, llegaron a un arroyo caudaloso que debían cruzar para llegar a la cascada. Al no ver un puente, les preguntó a sus compañeros: “¿Cómo cruzamos por aquí?”.
“Ah”, dijeron, “tienes que cruzar la tubería de allí”. Ron echó un vistazo a la tubería: era pequeña, estaba mojada y era peligrosa. Y su primera reacción fue: “Gracias, pero no, gracias. Me quedo aquí”. Pero sus amigos lo instaron: «Vamos. La vista está al otro lado. ¡Vamos, cruza la tubería!».
Ron tenía que tomar una decisión. O se quedaba donde estaba y se perdía la vista o cruzaba la tubería. Decidió tomar el camino arriesgado y dijo: «No me habría perdido esa vista por nada del mundo. Pero tuve que cruzar la tubería para llegar».
¿Te está llamando Jesús a cruzar una tubería, pero te da miedo correr el riesgo? El Salmo 18:36 dice: « Has despejado el paso de mi camino, para que mis tobillos no se tuerzan». Cuando empezamos a cruzar esa tubería que parece arriesgada, en cuanto la pisas, la tubería se convierte en un camino ancho, ¡tus tobillos no se tuercen!
Cruza la tubería hoy. Pídele a Dios una visión, y cuando te dé una que parezca arriesgada, actúa con fe y demuestra que él puede hacer más de lo que pides o piensas.
