Podcast (podcast-spanish): Play in new window | Download (Duration: 3:20 — 7.6MB)
Me gustaría que imaginaras esta escena. Es hora de tu evaluación anual con tu jefe y confías en que será un buen resultado porque has cumplido con todos los requisitos de tu puesto. Además, solo has tenido dos días de baja por enfermedad y casi siempre llegas a tiempo. Esperas una buena evaluación y, con suerte, un buen aumento.
Tu jefe coincide en que has hecho un buen trabajo, que has cumplido con todos los requisitos mínimos, y tras ese breve comentario, te dice si tienes alguna pregunta. Estás desconcertado; ¿eso es todo lo que va a decir? Esperabas algún reconocimiento por cumplir con los requisitos. Le preguntas si te van a dar un aumento.
Tu jefe entonces explica que los aumentos se dan a quienes hacen más de lo que exige la descripción del puesto, y como solo has cumplido con los requisitos, no tienes derecho a un aumento. ¿Te sorprendería esa evaluación? Bueno, básicamente eso es lo que Jesús les enseñaba a sus discípulos en esta parábola de Lucas 17:
»Supongamos que uno de ustedes tiene un siervo que ha estado arando el campo o cuidando las ovejas. Cuando el siervo regresa del campo, ¿acaso le diría “ven enseguida a sentarte a la mesa”? ¿No le diría más bien “prepárame la comida y cámbiate de ropa para atenderme mientras yo ceno; después tú podrás cenar”? ¿Acaso le daría las gracias al siervo por haber hecho lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, deben decir: “Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber” (Lucas 17:7-10).
¿Les parece duro? Jesús intentaba enseñar a sus discípulos que simplemente sobrevivir, hacer lo que se supone que deben hacer, no es suficiente para ser elogiados. Quiere que sus discípulos sientan pasión por hacer más que su mero deber. Quiere que sus discípulos tengan una visión de todo lo que podrían hacer y ser gracias a Jesús. La Biblia dice que sin visión, la gente perece. No me refiero a una señal milagrosa que recibes, ni a una experiencia extracorpórea ni a un sueño. No, la visión a la que me refiero es poder ver lo que Dios quiere hacer en ti y a través de ti. Y sin este tipo de visión, pereces, no alcanzas el potencial que Dios te dio.
Quiero animarte a pedirle a Dios que te dé una visión, para que no solo hagas lo mínimo, sino que te eleves como un águila, muy por encima de lo ordinario. Esa es la vida abundante que Jesús vino a darnos.
