¿Estás satisfecho con tu vida de oración? ¿Oras tanto como sabes que deberías o desearías? Creo que cuando aprendes a incorporar la oración en tu estilo de vida diario, tu tiempo de oración y tu eficacia aumentarán enormemente.

Así es como funciona orar sin cesar. Debes ser intencional en practicar la presencia de Jesús. Eso significa que debes decidirte a estar consciente —en todo momento y en todo lugar— de que, por ser seguidor de Cristo y haber nacido de nuevo, estás rodeado de la presencia de Jesús todo el día, todos los días, las 24 horas. A través del poder del Espíritu Santo, lo tienes contigo en todo momento; el problema es que muchas veces no reconocemos su presencia.

Por ejemplo, supongamos que tienes un amigo muy cercano o un familiar —esa persona en esta tierra que está más cerca de ti—. Estás con ellos tan a menudo como es posible, y cuando estás con ellos, te comunicas. Compartes los problemas y las dificultades de tu vida, pero también compartes las alegrías. Se ríen juntos; lloran juntos; a veces simplemente están en silencio juntos, pero la presencia de esa persona está ahí, contigo.

Esta no es una analogía perfecta, pero solo considera que Jesús es tu mejor amigo, tu compañero más cercano, tu confidente. Y, a diferencia de los compañeros terrenales, él está contigo las 24 horas. Nunca estás lejos de él. Entonces, si eres consciente de que él está ahí, ¿qué es probable que hagas? Vas a hablar con él, ¿verdad? Lo que sea que te esté pasando en tu día, lo vas a compartir con Jesús. Cuando necesites ayuda o guía, él está ahí mismo para mostrarte el camino. Cuando ves algo hermoso, a él le encanta que compartas esa experiencia con él. Cuando algo te hace reír, él se ríe contigo. Cuando la tristeza llena tu corazón, él llora contigo.

Esto es lo que significa orar sin cesar —orar en todo momento—. A medida que desarrollas conciencia de su presencia, hablas con él con audacia y confianza a lo largo de tus días —todos los días, en todo lugar—. Simplemente aprovecha tu privilegio de orar en el flujo de la vida, y a medida que aprendes a hacerlo, estás aprendiendo lo que significa orar sin cesar. Nunca cortas la comunicación con Jesús. No tienes que decir «amén», que significa que este es el fin de mi tiempo de oración y volveré más tarde. Simplemente mantienes la conversación en todo momento.

Y la buena noticia es que puedes orar con los ojos abiertos o cerrados, solo o en medio de una multitud, en voz alta o en silencio. La oración no está limitada por ninguna de nuestras rutinas habituales; verdaderamente podemos orar sin cesar, y qué bendición y privilegio tan increíble es eso.