Presentado por Jenn Miller

¿Qué nos enseñan las mujeres de la Biblia sobre el lamento? A menudo, cuando pienso en el lamento, pienso en depositar las cargas de la vida a los pies del Señor. Pero la Biblia también instruye a los cristianos a lamentar sus pecados.

En Lucas 7, una mujer hace precisamente eso. No sabemos mucho sobre ella, ni siquiera su nombre. El detalle principal que se nos da es que había vivido una vida de pecado en ese pueblo. En los versículos siguientes, se acerca a Jesús llorando, y sus lágrimas caen a sus pies. Ella seca sus pies con su cabello y luego los unge con un perfume precioso. Esto no solo era una muestra de adoración, sino también de lamento por el pecado.

Pero fíjate en lo más importante: ella no se esconde de Jesús cuando él llega a la ciudad; no se hunde en la autocondenación ni la autocompasión; no busca consuelo en otras cosas para mitigar el dolor de la convicción. No, ella se acerca a Jesús con su pecado. Esa es la diferencia entre la condenación de Satanás y la convicción del Espíritu Santo.

La condenación centra mi atención en mi pecado, mientras que la convicción del Espíritu centra mi atención en la capacidad y la voluntad de mi gran Salvador para perdonar. La condenación me dice que huya de Dios y me esconda, pero la convicción del Espíritu me llama a acercarme a Cristo. Y Jesús la recibió con bondad, diciéndole: «Tus pecados te son perdonados» (Lucas 7:48); «Tu fe te ha salvado. Vete en paz» (Lucas 7:50).

Querido hermano, ¿qué haces con tu pecado? ¿Lo ignoras o intentas ocultarlo? ¿Lo defiendes o intentas justificarte? ¿Te abruma la vergüenza? Cristo te llama a lamentar sinceramente tu pecado y a reconocer que está mal. Pero tu llamado va más allá.

Ven a lamentar tu pecado y a adorar a quien lo perdona. Ven y recibe la verdad del Salvador: para todos los que acuden a él con fe, sus pecados son perdonados. Tu fe te ha salvado. Ve en paz.