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La brecha de la alegría existe entre lo que esperas, lo que necesitas o deseas, y lo que sientes. Hemos visto que esta brecha puede deberse a tener expectativas excesivas sobre las circunstancias, los éxitos y las personas, a compararse con los demás y, simplemente, a descuidar las cosas que la cierran, como pasar más tiempo con Jesús, quien nunca defrauda.
Pero ¿qué pasa cuando la brecha parece no cerrarse? ¿Cuándo la vida es difícil, cuando las circunstancias son pesadas, cuando la alegría se siente lejana? Es importante recordar esto: la alegría no es lo mismo que la felicidad.
La felicidad se basa en lo que está sucediendo. La alegría es más profunda. Incluso en épocas difíciles —en un duelo, la incertidumbre o la espera— la alegría puede estar presente. No como una emoción intensa, no como una fiesta, sino como una confianza serena; una certeza constante de que Dios está contigo y estará contigo durante todo ese momento difícil. Puedes tener la seguridad de que está obrando y no te ha olvidado.
A veces, la falta de alegría persiste por un tiempo porque Dios está obrando de una manera más profunda de lo que puedes ver. Está fortaleciendo tu fe. Te está acercando a Él. Te está enseñando a depender de Él como nunca antes. Y en esos momentos, la alegría puede no ser evidente, pero sigue presente.
Si te encuentras en esa situación hoy, no te desanimes. Sigue confiando. Sigue caminando. Sigue dirigiendo tu corazón hacia el Señor. Recuerda que los pequeños pasos pueden llevarte muy lejos. Da pequeños pasos hacia el Señor, porque incluso cuando no lo sientas, Él sigue siendo tu fuente de alegría.
Los preceptos del Señor son rectos: traen alegría al corazón. (Salmo 19:8).
Encontrarás alegría en la Palabra de Dios. Comienza tu día enfocándote en el amor inagotable de Jesús, y te prometo que serás mucho más alegre durante todo el día.
Refuerza algunas disciplinas sencillas como ésta en tu vida y, con el tiempo, la falta de alegría desaparecerá. No porque todo a tu alrededor cambiara, sino porque algo dentro de ti cambió.
