Podcast (podcast-spanish): Play in new window | Download (Duration: 3:34 — 8.1MB)
¿Cómo puedes superar esa falta de alegría? La brecha de la alegría es la distancia entre lo que esperas de la vida, de tu trabajo o de tus relaciones, y lo que experimentas. Es la realidad de que, incluso cuando las cosas van bien, cuando las circunstancias son favorables, aun así no te brindan la alegría y la satisfacción que esperabas. Existe una brecha de la alegría.
Pero no estamos perdidos, nosotros que seguimos a Cristo. Tenemos la respuesta, pero debemos poner en práctica lo que sabemos. Permíteme compartirte algunas maneras sencillas y prácticas de hacerlo cada día.
Primero, practica la gratitud. La alegría y la gratitud están estrechamente relacionadas. Cuando agradeces intencionalmente a Dios por lo que hace, incluso por las cosas pequeñas, cambias tu enfoque de lo que te falta a lo que ya te ha dado. Con frecuencia nos enfocamos solo en lo negativo, ¿verdad? Es nuestra naturaleza humana pecaminosa la que nos lleva así, pero ya no tenemos por qué ser víctimas de ello. Se agradecido. Expresa palabras de agradecimiento a lo largo del día, incluso si no las sientes. Y rechaza las palabras negativas. Ten cuidado con lo que te dices a ti mismo.
Segundo, cuida tus pensamientos. Si tu mente está constantemente llena de preocupaciones, comparaciones o dudas negativas, tu alegría no tiene muchas posibilidades. La Biblia nos enseña a someter todo pensamiento a Cristo. Querido amigo, te animo a que lo tomes literalmente. Cuando tus pensamientos comiencen a ser negativos, atrápalos y no permitas que permanezcan.
Tercero, mantente conectado con Dios todo el día. Dedica tiempo cada día a hablar con él, leer su palabra y escuchar. Y durante todo el día, eleva oraciones de un minuto para que su alegría te llene. Concéntrate en ello todo el día. Verás que la brecha de la alegría se cierra cuanto más consciente seas de la presencia de Jesús y la practiques.
Y finalmente, vive con propósito. Cuando haces lo que Dios te ha llamado a hacer —animar a los demás, servir, amar de verdad— hay una profunda alegría que proviene de saber que estás justo donde debes estar.
Y con el tiempo, notarás algo hermoso. La alegría se vuelve menos dependiente de lo que sucede a tu alrededor y más arraigada en lo que Dios está haciendo dentro de ti.
