Continuamos nuestro análisis sobre la integridad en el ámbito laboral. Voy a examinar otro ejemplo de una decisión ética en el trabajo y ver cómo la Palabra de Dios nos guía.

Caso n.° 2

Trabajas para un gerente con un ego desmedido que se siente amenazado por cualquiera que proponga mejoras. Tienes una idea que mejoraría la eficiencia, ahorraría dinero y brindaría un mejor servicio a los clientes.

Tus compañeros están de acuerdo, pero necesitas la aprobación de tu gerente para implementarla. Estás pensando en cómo hacerle creer que es su idea, pero te preocupa que tu plan pueda rozar el engaño y la deshonestidad. Sin embargo, también te preocupa cumplir con el trabajo.

¿Hay un problema de honestidad en este caso? ¿Es esto manipulador? Si es así, ¿está mal?

Aquí hay un pasaje que nos servirá de guía para esta decisión:

«Yo los envío como ovejas en medio de lobos. Por tanto, sean astutos como serpientes y sencillos como palomas.» (Mateo 10:16).

Al practicar la integridad en un mundo que a menudo carece de ella, podemos parecer ingenuos y simples, como ovejas en un mundo de lobos. Quizás te hayas sentido así en el trabajo en ocasiones.

Recuerda que Jesús nos envió precisamente de esa manera. Si practicamos la integridad en todos los ámbitos de nuestra vida, puede parecer que estamos a merced de todos esos lobos. Pero, como Jesús continuó diciendo, no debemos ser necios en nuestros tratos, sino astutos. Permíteme recordarte que astuto no significa engañoso ni manipulador. Astuto significa “perspicaz o perspicaz en asuntos prácticos”.

Basándome en ese principio, creo que podrías encontrar la manera, en esta situación particular, de presentar tus ideas de forma no amenazante, sembrando semillas aquí y allá y ayudando a este jefe difícil a llegar a tu conclusión. Dado que la motivación es hacer lo mejor para el cliente, la empresa y los empleados, la astucia te llevaría a encontrar una manera diplomática, pero honesta, de lograr que tu idea sea aceptada.

Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que él los exalte a su debido tiempo (1 Pedro 5:6).

Permitir que otro se atribuya el mérito de lo que uno ha hecho es, sin duda, una forma de humillarse. No es fácil, ¿verdad? Para tener esa actitud, debemos estar motivados por el bien de los demás.