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Cuando los cristianos demuestran una vida íntegra en el trabajo, se convierten en un testimonio de la Palabra Viva para quienes los rodean, un testimonio más poderoso que cualquier palabra que puedan pronunciar. Mi tema es la integridad en el ámbito laboral. Se ha convertido en un aspecto fundamental para las empresas y organizaciones que reconocen los beneficios de la integridad. Pero para un cristiano, una vida íntegra es primordial: nos comprometemos a hacer lo correcto porque eso es lo que Jesús haría.
Ahora bien, me gustaría analizar dos casos prácticos donde la integridad está en juego y preguntar cuál es la manera bíblica de abordarlos.
Caso n.° 1
A la jefe de tu departamento no le cae bien a ninguno de los empleados. Es muy injusta, descortés e incompetente. En el departamento, todos hablan mal de ella constantemente. Tú también has participado en esos chismes maliciosos en ocasiones. Pero has decidido que ya no quieres formar parte de esa difamación. ¿Cómo evitarás verte envuelto en estos chismes de oficina?
Aquí tienes un principio bíblico para reflexionar:
Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan (Efesios 4:29).
Admito que, desde la perspectiva del mundo, el chisme y la difamación probablemente no se consideren comportamientos poco éticos, pero la Palabra de Dios deja claro que sí lo son. No debemos decir nada corrompido; esa es la norma. Esta norma no cambia; permanece firme independientemente de las circunstancias.
Ahora bien, ¿cómo manejarías las situaciones en las que otros hablan mal de tu jefe a sus espaldas? Aquí tienes algunas sugerencias: Levántate y vete si puedes. Hazlo discretamente, intenta no llamar la atención. Pero aléjate si puedes. Alguien podría notarlo y está bien.
Si alejarte no es una opción, intenta cambiar de tema. Busca otro tema y empieza a hablar, con cierta seguridad, de algo inofensivo y que no sea despectivo. Hazlo con la mayor delicadeza posible.
Y luego, añadiría, no tengas miedo de decir: «No creo que esté bien hablar mal de ella a sus espaldas». O quizás: «¿Has hablado alguna vez con ella sobre esto?». Puede que haya ocasiones en las que tengas que expresar tu desacuerdo con los chismes. De nuevo, hazlo con la mayor delicadeza y sin juzgar, pero no tengas miedo de defender lo que crees que es correcto.
