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Presentado por Julie Busteed
¿Alguna vez te han descrito como una “Marta”? Cuando digo “Marta”, me refiero al relato de María y Marta en Lucas 10, que dice:
Mientras iba de camino con sus discípulos, Jesús entró en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba lo que él decía. Marta, por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer. Así que se acercó a él y dijo: —Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude! —Marta, Marta —contestó el Señor—, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor y nadie se la quitará (Lucas 10:38-42).
¿Te identificas con Marta? Yo sí. A menudo me encuentro absorta en los preparativos, concentrada en los detalles, la planificación, la organización, porque realmente lo disfruto. Pero a veces, como Marta, me absorbo tanto por todas las cosas, que servir se convierte en una carga en lugar de una alegría.
Jesús nos recordó con ternura a Marta —y a mí— que “¡pocas cosas se necesitan, y de hecho solo una es necesaria!”. Necesito ese recordatorio: centrarme en mis invitados, estar presente, escuchando y animando.
La hospitalidad debe estar enfocada en el exterior. No es que la preparación esté mal, es buena y necesaria, pero no debe ser el centro de atención. La prioridad es el invitado, no la lista de chequeo.
Me parece que Marta realmente quería dar lo mejor de sí. Abrió su casa y se dedicó a sí misma y a su tiempo, pero se frustró cuando su hermana María tenía una prioridad diferente.
Curiosamente, en el Evangelio de Juan vemos un momento posterior en la vida de María. Después de que Jesús resucitó a Lázaro, ella y sus hermanos volvieron a hospedar a Jesús y a sus discípulos:
Allí se dio una cena en honor a Jesús. Marta servía ..(Juan 12:2a).
Marta sigue sirviendo, sigue practicando la hospitalidad, pero me parece que no está distraída. Sus prioridades han cambiado.
Esa es mi oración por ti y por mí. Que sigamos practicando la hospitalidad, mostrando el amor de Dios a través de nuestro servicio, sin dejar que los detalles opaquen el propósito.
