Presentado por Lauren Stibgen

¿Acaso justificas acciones que contradicen tu fe? Lo que es importante para Dios no tiene etiquetas ni pertenece a ningún partido. No es algo pasajero, ni puede ser resuelto por manos humanas. Ser fiel a Cristo significa defender la verdad y la justicia, y ser honestos acerca de los partidos y candidatos temporales a los que podamos apoyar.

La política actual se apresura a señalar los “pecados” de un candidato, pero justifica las acciones del otro. Consideremos estos versículos de Juan 8.

Entonces, los maestros de la Ley y los fariseos llevaron a una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio del grupo, dijeron a Jesús: —Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices? Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: —Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí (Juan 8:3-9).

Al comportarte como los maestros de la Ley y los fariseos, ¿estás justificando el pecado de un candidato en nombre de una supuesta mayor concordancia con tu fe? Esto puede ser otra señal de que la política se ha convertido en un ídolo.

Todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

Jesús nos llama a reconocer nuestros propios pecados. No creo que sea casualidad que la mujer que cometió adulterio estuviera frente a frente con Jesús cuando todos los demás se habían marchado. ¡Jesús es el único juez y la única verdadera «cura» para el pecado!

¿Cómo puedes guiar a alguien hacia la salvación si estás excusando los pecados del hombre en nombre de la victoria? En lugar de poner excusas o comparar pecados entre partidos, señala que todo pecado es simplemente eso: ¡pecado a los ojos de Dios! No hay uno mejor ni peor. Si bien sabemos que la mujer de Juan 8 era adúltera, desconocemos los pecados de los maestros de la Ley y los fariseos. Lo que sí sabemos es que no desafiaron a Jesús a que justificara su pecado, ¡siendo este mejor o peor que el adulterio!

¡Enfócate en contarle a la gente cómo oras para que el candidato reconozca su pecado!