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¿Te han empujado la taza últimamente? Aprendo mucho de mí cuando las cosas van mal y me golpean la taza, porque lo que hay dentro se derrama, y a veces no es tan agradable.

A menudo, es cierto que nuestro trabajo y las personas con las que trabajamos son excelentes lugares para recibir golpes y empujones. Recuerdo bien una situación laboral que hizo que se me derramara la copa. Estaba lidiando con un jefe muy difícil, que se las arreglaba mediante humillación e intimidación. Al principio, tuve grandes dificultades con esta persona, y cuando Dios me desafió a considerar seriamente lo que se derramaba de mi copa, debido a esta difícil relación, no me sentí muy complacida.

El egoísmo fue lo primero que vi correr por los costados. Me di cuenta de que mis patrones de pensamiento se habían centrado en sentimientos como “ya no puedo soportar esto” o “esto no es justo para mí” y “he trabajado demasiado para llegar a donde estoy como para tener que aguantar este tipo de trato.”

De vez en cuando recibiremos un trato injusto y cruel, y ese tipo de trato realmente revela el egocentrismo que hay dentro de nosotros.

Este ambiente laboral desagradable provocó que otra cosa saliera de mi taza empujada: tuve que admitir una grave falta de paciencia. La paciencia no es uno de mis puntos fuertes, pero es uno de los frutos del Espíritu que debo exhibir. Así que, una vez más, tuve que confesar que de mi taza se derramaba mucha impaciencia.

En el Salmo 103:8 leemos que el Señor es compasivo y clemente, lento para la ira, grande en amor. Cuando comencé a comparar mi comportamiento con el comportamiento de Dios hacia mí, no tuve más remedio que arrepentirme de mi propia falta de tolerancia y pedirle a Dios que me diera su gracia y bondad.

Otra cosa que esta situación estresante hizo que se derramara fuera de mi taza, fue la malicia. ¿No es una palabra horrible? La malicia es el deseo de ver sufrir a los demás. Y vi que tenía el corazón lleno de malicia hacia la persona que me causaba la dificultad. Y junto con la malicia, usualmente tenemos la calumnia, porque tan pronto como expresamos esos pensamientos maliciosos, nos volvemos culpables de calumnia.

No fue agradable ver lo que se derramaba por los lados de mi taza en esa situación. Pero eso hizo que me tomara en serio la limpieza de mi taza. Y con la oración y el poder convincente del Espíritu Santo, comenzaron a producirse cambios.

Mírate a ti mismo hoy. Si tu taza es empujada, toma nota de lo que se derrama.