Quiero analizar una situación a la que quizás te enfrentas: gestionar o trabajar con hombres que se resienten de tener una jefa o compañera. Puede que se sientan amenazados por tener una mujer en su puesto o en el de un colega, o que sus antecedentes les hayan predispuesto en contra de las mujeres en el mundo empresarial. Fui una de las primeras mujeres en ventas de IBM; esto ocurrió hace muchos años. Había un vendedor mayor en mi oficina que estaba totalmente en contra de las mujeres en ventas. Pensaba que era la peor decisión que IBM había tomado jamás.

El primer año que estuve en esa oficina, apenas me dirigió la palabra. Creía que no iba a durar; pensaba que las mujeres no podían triunfar en ventas, así que ¿para qué molestarse conmigo? Durante un año me observó y se dio cuenta de que tenía bastante éxito en las ventas, alcanzaba mis objetivos, ganaba algunos premios, etc.

Entonces, un día me vio hacer una presentación a un cliente potencial y quedó impresionado. Empezó a pedirme que hiciera visitas comerciales con él, y nos convertimos en un equipo de ventas muy eficaz. Nos hicimos buenos amigos y nos reíamos de aquellos primeros tiempos. Pero le llevó tiempo cambiar su actitud hacia las mujeres en ventas.

A menudo, el tiempo es la clave, y muchas mujeres no quieren darles tiempo a los hombres para que cambien. Al fin y al cabo, tenemos nuestros derechos, ¿no? ¡Al fin y al cabo, merecemos nuestra oportunidad! ¡Al fin y al cabo, tenemos mucho tiempo perdido que recuperar y el mundo empresarial nos debe algo, ¿verdad?! Esa es la actitud del mundo.

Pero como mujer cristiana, esa es una actitud totalmente contraria a la Biblia. No tenemos derechos porque se los hemos entregado a nuestro Creador y Salvador. Somos sus siervas.

Eso no significa que permitamos que la gente se aproveche de nosotras, sino que nuestra actitud es de servicio, no de buscar lo que nos corresponde. Significa que tenemos paciencia y compasión hacia aquellos hombres que tienen prejuicios contra las mujeres, incluso hacia los que nunca cambiarán. Y eso requiere mucha oración de nuestra parte.

Te animo a que uses estas situaciones como oportunidades para demostrar en qué consiste el amor de Dios. Esfuérzate por comprenderlas; pídele a Dios que te ayude a verlas desde su perspectiva. Ora por su bienestar y deja que Dios se encargue del resto. Esa es la manera más importante y efectiva de lidiar con hombres que tienen una actitud equivocada hacia las mujeres en el lugar de trabajo.