Podcast (podcast-spanish): Play in new window | Download (Duration: 9:30 — 21.8MB)
No sé tú, pero a mí me resulta fácil comprometerme. Puedo decidir que realmente quiero hacer algo y proponerme hacerlo. Pero si no tengo un plan de cómo hacerlo, solo quedan en buenas intenciones que generalmente no se hacen realidad. Así que espero que no solo te sientas inspirado a reflejar más a Cristo en tu trabajo, sino que también tengas acciones específicas que marquen la diferencia en tu vida y en tu entorno laboral.
Así que, aquí está mi cuarta sugerencia sobre cómo podemos reflejar a Cristo más perfectamente en nuestros trabajos. (puedes escuchar las primeras tres en la primera parte de este devocional)
- Ser transparentes y vulnerables
Jesús nos dio instrucciones claras sobre cómo debemos vivir como seguidores de Cristo en nuestro mundo. En Mateo 5:14-16 leemos de su Sermón del Monte:
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una montaña no puede esconderse. Tampoco se enciende una lámpara para cubrirla con una vasija. Por el contrario, se pone en el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos.
En otras palabras, no estamos llamados a ser cristianos encubiertos. Incluso en nuestra cultura poscristiana, el reto de Jesús no cambia. No debemos ocultar nuestra lámpara —nuestro testimonio— como seguidores de Cristo, y eso incluye nuestro trabajo. El reto que enfrentamos es cómo hacerlo de forma natural, orgánica y no de una manera innecesariamente ofensiva.
Alguien ha dicho que, con demasiada frecuencia, a los cristianos nos interesa más dar las noticias correctas que las buenas noticias. Creemos que estamos en lo correcto, basándonos en la Palabra de Dios, y nunca comprometemos esas creencias. Pero debemos hacerlo siendo auténticos, sin una actitud de sabelotodo ni arrogancia de ningún tipo.
Tú y yo debemos ser accesibles, auténticos y transparentes en nuestra forma de vivir si aspiramos a influir en el mundo actual. Si proyectas una imagen artificial a quienes te rodean, una imagen de “Lo tengo todo bajo control y mi vida siempre está en orden”, ¿quién podrá identificarse contigo?
Déjame preguntarte: ¿Finges felicidad incluso cuando estás triste por algo? ¿Compartes tus luchas y preocupaciones personales con tus compañeros de trabajo de forma adecuada? ¿Puedes hablar, y de forma natural, de cómo Dios te ha ayudado en los momentos difíciles y de cómo ha respondido a tus oraciones?
¿Estás dispuesto a ser vulnerable, a admitir tus errores o a hablar de tus dificultades? ¿O intentas no mostrar ni un rastro de duda o recelo, ni dejar que nadie vea el dolor de tu vida? Si es así, estás poniendo una barrera entre tú y los demás, y simplemente no saben cómo relacionarse con alguien que parece tener siempre el control. Vivir una vida transparente y auténtica significa ser tú mismo, sin pretensiones.
Había una mujer que trabajó para mí hace muchos años que siempre era perfecta. No solo hablaba abiertamente de su fe, sino también de la perfección con la que hacía su trabajo. Sutilmente, les hacía saber a los demás que debían ser como ella y hacer su trabajo como ella. Era una excelente trabajadora, pero incomodaba a todos en el departamento con su actitud perfeccionista. A menudo me preguntaba cómo sería en casa con su esposo. Y noté que realmente no tenía conexiones en nuestra oficina; trabajaba en un ambiente aislado. Esa nunca será una manera efectiva de reflejar a Cristo.
Así que, una manera poderosa en que tú y yo podemos reflejar a Cristo —ser como Jesús— en nuestros lugares de trabajo es ser transparentes, acogedores y estar dispuestos a compartir nuestras vidas, lo bueno y lo malo, con los demás.
- Refleja a Cristo desarrollando el fruto del Espíritu
Llego a la quinta sugerencia para reflejar a Cristo en tu trabajo: mostrar constantemente el fruto del Espíritu de Dios en tu vida. Honestamente, esta es una tarea imposible a menos que te dediques a dar mucho fruto. En Juan 15:8, Jesús dijo: «Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos». Demostrar que somos discípulos de Jesucristo es otra forma de decir que reflejamos a Cristo, y lo hacemos al dar mucho fruto.
Este fruto se define claramente en Gálatas 5:22-23a como amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Es prueba de que el Espíritu Santo controla tu vida y de que eres como Jesús. Para el mundo que te rodea, contrasta con el mundo despiadado en el que cada uno se preocupa por sí mismo. Este fruto crece cuando buscamos a Dios, pasamos tiempo con él a diario, oramos para que este fruto llegue a nuestras vidas y cooperamos con el Espíritu Santo, quien nos capacitará para producir mucho fruto.
Hace años, mientras reflexionaba sobre cómo podía hacer esto realidad en mi vida, leí en Colosenses 3 que debemos “vestirnos” de estas características de Jesús. Eso me dio una práctica que me ayudó a ser más intencional en dar este fruto en mi vida, pareciéndome más a Jesús. Comencé a orar por cada una de estas características cada mañana, pensando en vestirme espiritualmente para el día que comenzaba. Oré por cada una de ellas individualmente, enfocándome en las que me causaban mayor dificultad.
Por ejemplo, la tolerancia o la paciencia no me resultan fáciles. Así que oraba por ello con regularidad, ¡y todavía lo hago! Y mientras oraba por este fruto, el Espíritu Santo me recordaba a lo largo del día cuando fallaba. También me mostró oportunidades para reflejar a Cristo demostrando el fruto del Espíritu, como mostrar amor a alguien con quien trabajaba o permitir que el Espíritu de Dios me mantuviera en paz durante desacuerdos o situaciones difíciles. Honestamente, muchas veces pude escuchar esa voz interior de Dios advirtiéndome: “Ten cuidado, ten paciencia”. O “Eso no fue muy amable”. Con el tiempo, escribí un estudio bíblico titulado “El Cristiano Bien Vestido”, que detalla cómo enfocarnos intencionalmente en usar esas hermosas vestiduras —el fruto del Espíritu de Dios— y orar por ellas en nuestras vidas.
Y esta es la cuestión: cuando tú y yo reflejamos constantemente a Cristo en nuestras vidas al dar este fruto de amor y alegría, bondad y fidelidad, paz y humildad, nuestra luz brilla en el mundo. Reflejamos a Cristo. Es un resultado natural de dar mucho fruto, y abre muchas puertas para hablar de Jesús y explicar las buenas nuevas: el perdón y una nueva vida.
Como nota al pie, permíteme admitir rápidamente que hay muchos días y maneras en que no reflejo a Cristo como debería. Dar mucho fruto es un desafío constante, pero sé por experiencia que tenemos el poder, a través del Espíritu de Dios en nosotros, para ser cada vez más como Jesús.
Ciertamente, no quiero que parezca que la vida cristiana se trata de seguir una fórmula específica. No hay dos vidas iguales, y Dios nos trata de manera diferente, eso es seguro. Pero para la mayoría, sino para todos, crecer en nuestro conocimiento de Dios y asemejarnos más a Jesús, requiere que seamos intencionales al respecto: inculcar buenos hábitos en nuestras vidas que nos ayuden a reflejar a Cristo en un mundo moribundo y herido.
