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¿Alguna vez has trabajado en una situación que parecía una misión imposible? Me pregunto: ¿Se puede salvar este trabajo? Cuando te encuentras trabajando en un ambiente muy estresante, como creyente, ¿qué puedes hacer? ¿Qué debes hacer para sacar el mejor provecho de una mala situación? Aquí tienes otro caso para considerar.
Tu jefe de departamento no le cae bien a nadie. Es muy injusta, descortés con todos y, además, no cumple bien con sus responsabilidades. Todos en el departamento hablan mal de ella constantemente. Nadie entiende cómo conserva su puesto. Tú también has participado en esos comentarios maliciosos en ocasiones.
Como cristiano, has decidido que no quieres formar parte de esa difamación contra tu jefa (¡aunque se lo merezca!). ¿Cómo evitarás verte envuelto en estos chismes de oficina? ¿Qué podrías hacer para cambiar el ambiente?
El chisme es una enfermedad perniciosa y mortal, y una vez que comienza, es difícil detenerlo. Sin duda, un seguidor de Cristo jamás debería participar en este tipo de conversaciones maliciosas. En Romanos 1, la malicia se describe como maldad, junto con la envidia, el asesinato, la discordia y el odio a Dios. Dios no toma a la ligera las conversaciones maliciosas; son pecado.
El primer paso es alejarse por completo de estas conversaciones. Deja claro que no participarás en conversaciones maliciosas sobre nadie, ni siquiera sobre tu jefe. Probablemente no tengas que hacer una declaración al respecto; el hecho de que ya no lo hagas, hablará por sí solo.
Luego, aprovecha cada oportunidad para cambiar el rumbo de la conversación. A veces, una sola persona puede tener una buena influencia en el ambiente laboral. Después, pídele a Dios que le ayude a ver a tu jefe desde su perspectiva y acercarte a él de alguna manera, brindándole ánimo y apoyo. Este tipo de acción de su parte no pasará desapercibida para sus compañeros. ¿Cambiará su comportamiento? Quién sabe, podría ser, pero sin duda dirá mucho sobre tu integridad y tu testimonio de Jesús.
