Estoy considerando Proverbios para los negocios, porque el libro de Proverbios se aplica maravillosamente a las situaciones que enfrentamos en nuestro mundo laboral.

si te has comprometido verbalmente, enredándote con tus propias palabras… Si quieres librarte, hijo mío, este es el camino:  Ve corriendo y humíllate ante él… No permitas que se duerman tus ojos… Líbrate, como se libra del cazador la gacela, como se libra de la trampa el ave. (Proverbios 6:2-5).

¿Cuántas veces has querido esconderte debajo de una mesa porque dijiste algo que deseabas no haber dicho? Quizás fueron palabras dichas con ira o prisa, o palabras chismosas, o palabras de juicio. Palabras crueles, mentirosas, duras e innecesarias que causaron algún tipo de daño.

¿Qué haces? No puedes deshacerte de ellas; no puedes borrarlas; no puedes des decirlas. Esas palabras quedan grabadas en tu memoria y en la de los demás. ¿Qué puedes hacer?

Salomón dice que vayas y te humilles ante la persona a quien tus palabras dañaron; ¡que vayas!, confiésalas y hazlo de inmediato. Discúlpate y haz todo lo posible por liberarte del daño de esas palabras.

Ahora bien, sé que no es fácil hacerlo. ¡Pero es mucho más fácil que no hacerlo! Una vez, en un hotel durante un viaje de negocios, acusé a un empleado de no seguir mis instrucciones. Estaba segura de haberlas dado. Con amabilidad, pero sin rodeos, le dije: «Estoy segura de que es tu culpa; por favor, corrígelo».

Unos minutos después me di cuenta de que era yo quien estaba equivocada, no él. Fue vergonzoso; quería huir. Pero me obligué a ir al teléfono, llamar al joven y disculparme. Incluso una disculpa tan simple no fue fácil, pero una vez que lo hice, me sentí muy libre. Y pude ver que le cambió la vida. No dejaba de decir: «Qué amable de su parte llamar. Gracias». No fue amable de mi parte; era lo correcto.

Si has ofendido a alguien con tus palabras, no lo pospongas. Ve ahora mismo, hoy mismo, y discúlpate. Ese es un buen consejo de Proverbios.