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¿Estás en el mal hábito de detenerte en las luces verdes de Dios? Me pregunto, ¿qué te impide avanzar? ¿Tienes miedo del futuro e incertidumbre sobre el camino? El miedo nunca viene de Dios; siempre viene del enemigo, y refleja nuestra falta de confianza.

Tal vez tu estás detenido en luz verde porque te ves como inadecuado para el trabajo. Eres inadecuado en ti mismo, pero totalmente capaz a través de Cristo. Lo maravilloso de nuestro Señor es que cuando nos da luz verde, también suministra el motor y el combustible para dar energía al motor. Pero tenemos que poner en marcha los engranajes y decir, “Estoy listo, Señor; vamos.” 

O quizás estás en modo detenido simplemente porque eres perezoso. ¿Recuerdas la parábola de los talentos? Cuando el sirviente con un talento no hizo nada con su recurso, el amo lo reprendió fuertemente. “Siervo malvado y perezoso”, dijo. La pereza es una ofensa muy fuerte a Dios; para él es perversa, no solo un mal hábito o una pequeña falta de carácter. 

Quizás estás detenido cuando deberías estar avanzando porque no quieres ir en la dirección que Dios te está guiando. Tenías un plan diferente para tu vida, y no puedes imaginar que el plan de Dios es el mejor para ti. guau, ¿te das cuenta de cuánto te estás perdiendo por negarte a ir en la dirección de Dios? Él tiene buenos planes para ti, planes para bendecirte y prosperarte. 

Durante diez años elegí seguir mi propio camino y me negué a dejar que Dios me guiara. Simplemente no creía que pudiera ser feliz haciéndolo a la manera de Dios, así que pasé diez años en egoísmo y mucha miseria. Pero una vez que dije, “Señor, iré en tu luz verde, y te permitiré que me guíes,” descubrí tal satisfacción, entusiasmo y contentamiento en su camino. 

Detenerte o avanzar, ¿dónde estás hoy? Recuerda que ambos están en la voluntad de Dios para nuestras vidas en diferentes momentos. A veces nos dice que nos pongamos en marcha y nos movamos rápido, y otras veces escuchamos su “¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios!”. Estamos más completos, más satisfechos y más contentos cuando obedecemos voluntariamente las luces de pare o avance de Dios.