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Presentado por Lauren Stibgen
¿Qué tanta confianza tienes en Jesús? Más específicamente, en tus momentos de mayor ansiedad, ¿cuánto confías en él como tu mayor paz? Volvamos a Juan 14: «La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no la doy como el mundo la da. No se angustien ni se acobarden» (Juan 14:27).
Hay muchas razones que podemos encontrar para decir que esto es más fácil de decir que de hacer. Una de mis oraciones favoritas en estos momentos hace eco a la del padre desesperado en Marcos 9:24: «Señor, creo; ayuda mi incredulidad». En mis momentos de mayor ansiedad, cuando no sé qué hacer, esta es la oración corta que pronuncio, muchas veces en voz alta. A veces mientras camino. Y sí, repitiéndola una y otra vez. Deseo desesperadamente la confianza que tuvieron mis compañeros seguidores de Jesús cuando él hacía milagros en su presencia.
Cuando estoy enferma, pienso en la mujer con hemorragias de Marcos 5:25-34 y Lucas 8:43-48. Sufrió hemorragias durante 12 años. Buscó todos los tratamientos posibles y agotó sus recursos. Estaba aislada socialmente por su condición. ¿Estaba ansiosa cuando salió a buscar a Jesús? Tal vez. Pero tenía tanta confianza en su capacidad de sanarla que fue de todos modos.
Cuando un ser querido está enfermo, pienso en el padre que quería que Jesús sanara a su hijo endemoniado. Pienso en María y Marta, que mandaron llamar a Jesús cuando su hermano Lázaro estaba enfermo, y aun así este murió. Marta corrió al encuentro de Jesús y, en su dolor, le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» (Juan 11:32b). En Juan 11:40, Jesús le dice a Marta: «¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?». Jesús quería que ella tuviera plena confianza en él, aun cuando estaba ansiosa por abrir la tumba de Lázaro.
Quiero la confianza de las personas que estaban en aquella multitud de 5000. Confiaron en Jesús para recibir enseñanza y probablemente nunca esperaron que serían alimentados. Pero él suplió todas sus necesidades. Cuando me hace falta algo, quiero confiar en que Jesús proveerá para mí, aun cuando esté ansiosa por mis necesidades físicas.