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Es esencial que estemos quietos, física y mentalmente, y que conozcamos al YO SOY de las Escrituras.
Ahora enfoquémonos en la última de esas ocho palabras: Quédense quietos y sepan que yo soy Dios.
Muchos de nosotros, incluso los cristianos, estamos adorando a dioses falsos. Dirás: «Yo no, Mary. No hay ídolos en mi casa ni en mi iglesia». Bueno, puede que no haya ídolos de madera o de piedra, pero eso no significa que no estemos adorando a un ídolo.
Ay, qué fácil es olvidar quién es Dios. El sistema de este mundo nos dice que cada uno de nosotros, como individuo, es un dios. La cultura te animará a adorarte a ti mismo y a convertirte en la persona más importante del mundo. El mundo empresarial cree que nuestra carrera debe ser nuestro dios. A veces permitimos que otra persona se convierta en un dios en nuestra vida. Con frecuencia nuestros sueños y deseos se convierten en nuestros dioses.
Necesitamos un recordatorio constante de quién es DIOS. Necesitamos revisar con frecuencia los tronos de nuestro corazón y ver qué se ha subido allí para ocupar el primer lugar.
Quédense quietos y sepan que yo soy Dios
Esas ocho palabras encierran el secreto para nosotros como cristianos: el secreto de una vida victoriosa, el secreto para mantener en orden nuestras prioridades, el secreto de una vida equilibrada, el secreto de una vida de paz y contentamiento, el secreto de una vida que bendice a otros y da gloria a Dios.
Quiero desafiarte, como me desafío a mí misma, a tomar en serio este versículo y, por la gracia de Dios, a comenzar a ponerlo en práctica en tu vida. Empieza cada día aquietándote conscientemente delante de Dios. Repítete el versículo.
Pregúntate: «¿Estoy realmente en quietud?». Planifica tu tiempo de quietud y ora por la quietud interior que necesitas para poder conocer a Dios. Recuerda los YO SOY de las Escrituras. Escríbelos y léelos con frecuencia, para recordarte cuán totalmente suficiente es Dios para cada necesidad.
Y luego vigila con cuidado el trono de tu vida para ver quién o qué puede estar tratando de convertirse en tu dios. Sucede de manera sutil, y debemos estar constantemente en guardia contra ello.
¿Responderás a este llamado?: Quédense quietos y sepan que yo soy Dios.