¿Estás ocupado? Probablemente tu respuesta sea: «¿Es en serio? ¿Quién no está ocupado?». Quiero hacer algunas preguntas que nos ayuden a determinar qué piensa Dios de nuestro ajetreo. La primera pregunta que hice fue: «¿Estoy ocupado por las razones correctas?».

Aquí está la siguiente pregunta que debes hacerte:

¿Se ha convertido estar ocupado en mi identidad? ¿Me enorgullezco de estar ocupado?

Hace algunos años reconocí que esto era cierto en mi caso. Encontraba parte de mi valor propio en mantenerme muy ocupada, lograr muchas cosas y que la gente lo notara. Con frecuencia escuchaba: «¿Cómo haces todo lo que haces?». Me enorgullecía saber que la gente notaba lo ocupada que estaba. La mayor parte del tiempo estaba ocupada haciendo cosas en el ministerio, haciendo cosas para Jesús, pero gran parte de mi motivación era recibir el elogio y la admiración de los demás. Eso era lo que yo era.

Cuando el Espíritu de Dios me reveló este espíritu de orgullo, comencé a orar para que Dios me librara de ser adicta a estar ocupada. Realmente creo que puede convertirse en una adicción cuando nos sentimos impulsados a seguir adelante y mantenernos ocupados porque ¡eso es lo que somos! Hemos edificado nuestro valor sobre nuestros logros en lugar de sobre Cristo.

Una manera de identificar si este es tu problema es notar cuánto hablas de lo ocupado que estás. ¿Llevas tu ajetreo como una medalla de honor, como motivo de orgullo? Puede que estés haciendo buenas obras, las cosas buenas para las que Dios te puso aquí, pero si tu ajetreo gira en torno a ti en lugar de ser un servicio puro al Señor, entonces necesitas orar al respecto. Pídele a Dios que te libre. No de hacer las cosas buenas que él quiere que hagas, sino de ese sentido de orgullo e identidad basado en tu ajetreo.

He notado que somos propensos a competir por ver quién está más ocupado. Ya sabes a qué me refiero. Decimos: «Hola, ¿cómo estás?», y la otra persona nos da una larga lista de todo lo ocupada que está. Entonces respondemos con nuestra propia lista, como tratando de demostrar que estamos más ocupados que la otra persona. Y así sigue. Sutilmente, sin darnos cuenta, hemos adoptado un espíritu de orgullo por lo ocupados que estamos.

Espero que te hagas esta pregunta: ¿Se ha convertido estar ocupados en mi identidad?, y que estés dispuesto a dejar que Dios cambie esa actitud en ti, si es necesario.