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¿De verdad crees que eres precioso para Dios?
Todos necesitamos que alguien nos valore y nos aprecie, y que nos diga que estamos haciendo un buen trabajo. Y aquí está la buena noticia: el Dios de todo el universo conoce tus pensamientos antes de que los pienses; sabe cuántos cabellos tienes en la cabeza; sabe cuándo te sientas y cuándo te levantas; conoce íntimamente todos tus caminos. Y te ama con un amor que no puede cambiar ni va a cambiar. Eres precioso para Dios.
Siempre me consuela saber que Dios conoce lo peor de mí y aun así me ama.
Como dije, hay cosas que se aman porque son valiosas, y hay cosas que son valiosas porque se aman. Tú y yo somos valiosos principalmente porque Dios nos ama. No importa lo que otros piensen. Después de todo, Dios te ama, ¡y no hay nada mejor que eso!
¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, y no tiene compasión del hijo que ha dado a luz? Aunque ella lo olvide, ¡yo no te olvidaré! Te llevo grabado en las palmas de mis manos… (Isaías 49:15-16).
Si eres mamá, ¿alguna vez has olvidado a tu bebé de pecho? Quizás podrías olvidar a un niño de cinco años por un minuto o dos, o a un hijo de veintitrés años por una hora o dos. Pero ¿podrías olvidar alguna vez al bebé que estás amamantando? No, claro que no. Pero aun si una mamá lo olvidara, Dios no te olvidará a ti.
Dios te ha grabado en las palmas de sus manos. Eso significa que es permanente, imborrable, que no se puede lavar. ¿Por qué? Porque eres precioso para él: alguien a quien él valora y considera digno.
Si aceptas esto por fe, puedes comenzar a andar por el camino de la libertad. Libertad de la ansiedad, del desánimo e incluso de la depresión; libertad para dejar todo eso atrás y seguir adelante para hacer las cosas buenas que Dios ha planeado para ti.