¿Sabías que eres precioso para Dios? Recuerdo que hace algunos años un amigo vino a un concierto de Navidad en mi iglesia, y nunca antes había estado en una iglesia que predicara el evangelio. Después del concierto, su comentario fue: «Nunca había oído a nadie usar la palabra “precioso” en un sermón». Eso le llamó la atención.

Pues bien, está claro en las Escrituras que somos preciosos  para Dios: somos amados, valorados y atesorados. Mira el Salmo 72:12-14:

Él librará al indigente que pide auxilio y al pobre que no tiene quien lo ayude. Se compadecerá del desvalido y del necesitado y a los menesterosos les salvará la vida. Los librará de la opresión y la violencia, porque considera valiosa su vida.

Y también Isaías 43:4 dice:

Porque eres precioso a mis ojos  y digno de honra, yo te amo. A cambio de ti entregaré pueblos;  a cambio de tu vida entregaré naciones.

¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo «Eres precioso para mí», o al menos unas palabras que te hicieron sentir que eres especial, que te quieren y te valoran? Pues quiero que sepas que, si has nacido de nuevo y has recibido a Cristo como tu Salvador, eres precioso para Dios.

¿Qué tipo de relación tuviste o tienes con tu padre terrenal? Es cierto que la manera en que nuestro padre terrenal se relacionó con nosotros tiene un fuerte efecto en nuestra relación con nuestro Padre celestial. Entonces:

  • ¿Sentiste que te cuidaban?
  • ¿Te preocupaste alguna vez por qué comerías o vestirías, o dónde vivirías?
  • ¿Tenías la plena certeza de que tu papá te amaba?
  • ¿Te expresaba su amor de manera que lo pudieras sentir?
  • ¿Alguna vez te abandonó?
  • ¿Era duro y exigente?
  • ¿Fue en su mayoría un padre ausente?
  • ¿Estuvo emocionalmente distante de ti?

Las características y los rasgos de nuestros padres terrenales pueden convertirse en nuestra vara de medir, nuestro punto de comparación o nuestra definición de lo que es un padre. Ojalá hayas tenido la bendición de contar con un padre amoroso y cariñoso, como yo, pero para quienes tuvieron padres distantes o duros —o peor aún, abusivos o que simplemente nunca estuvieron— creer y aceptar que tienes un Padre celestial que te ve como precioso no es tan fácil. Pero déjame asegurarte que es verdad. Eres precioso para Dios.