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La brecha de la alegría es ese espacio entre la alegría que esperamos y la que realmente sentimos. Este término —brecha de la alegría— se está convirtiendo en un fenómeno notable en nuestra cultura, no solo en los círculos cristianos. El mundo necesita alegría: las personas que conoces en el trabajo, en tu familia, en los vecinos, todos desean ser felices y, muy probablemente, muchos experimentan esta brecha, aunque no se den cuenta. Pero la maravillosa noticia es que, como seguidores de Jesucristo, tenemos lo necesario para cerrar esa brecha.
La alegría verdadera y duradera no se encuentra en las circunstancias, sino en tu relación con Jesucristo. Puede sonar simple, pero es profundamente importante y totalmente cierto. Si tu alegría depende de que las cosas vayan bien, entonces siempre será frágil. Una decepción, un cambio, una situación difícil, y desaparece.
Pero cuando tu alegría está arraigada en Cristo, se vuelve constante. Esto no significa que la vida sea fácil. No significa que siempre estés sonriendo. Pero hay una profunda sensación de paz, confianza y seguridad que no se ve afectada por lo que sucede a tu alrededor.
La Biblia llama a la alegría un fruto del Espíritu. Esto significa que no es algo que uno mismo crea, sino algo que Dios produce en ti al mantenerte conectado a Él. C.S. Lewis dijo: «La alegría es la bandera que ondea en el castillo del corazón cuando el Rey reside allí». ¿Acaso la bandera de la alegría ondea en tu corazón, en tu rostro, en tu vida, en tus palabras? ¿O hay una falta de alegría en tu vida?
Si sientes esa falta de alegría, no te esfuerces más por solucionar tus circunstancias. En cambio, acércate a Aquel que es tu alegría. Pasa tiempo con Jesús, solo tú y Jesús. Habla con Él. Lee su verdad en la Biblia. Reenfoca tu corazón.
Porque cuanto más cerca estés de Él, menor será esa falta de alegría.
